viernes, 11 de noviembre de 2011

CON P DE PATRIA.

"Tengo marcado en el pecho todos los días que el tiempo no me dejó estar aquí, tengo una playa y un pueblo que me acompañan de noche cuando no estás junto a mi.
Tengo una mañana constante y una acuarela esperando verte pintado de azul. Tengo tu amor y tu suerte y un caminito empinado, tengo el mar del otro lado tu eres mi norte y mi sur". Gianmarco - cantautor peruano-.

Dice mi amiga Sina que tiene más de 70 años que lo más importante en la vida es la familia y luego la Patria y yo desde que me hago mayor digo que amo profundamente la tierra donde he nacido pero que tengo muchas patrias.
La patria es el lugar de referencia, al que sientes que perteneces y con el que te unen vínculos sumamente especiales, el lugar-refugio al que uno siempre quiere volver. Por eso mismo yo tengo varias.
Una la forman mis orígenes: el barrio en el que crecí, con sus calles desordenadas y su gente humilde. La ciudad en la que vivo, que no es del todo bonita, pero es la mía y "tota la meva terra" por extensión. Después está ese pueblo de los veranos largos de mi infancia donde Don Quijote y yo soñábamos a la par, con sus norias de agua, sus molinos de viento y sus historias de brujas.
Otra patria la forman los lugares en los que he sido feliz: un pedazo de Plaza veneciana, una lluvia intensa en los campos de te de Sry Lanka, una playa perdida de Australia, un par de parques de New York, un garito de Amsterdam con olor a flores, unas sequoias de un bosque de California, un amanecer en el Sahara, un trekking por una montaña vietnamita, un hotel parisino o el recuerdo de mi primera visión de esa maravilla de los incas llamada Machu Pichu.
La otra patria sois vosotros: el calor de mi familia, la sonrisa de mi amor y los brazos siempre abiertos de mis amigos del alma.
Por eso tengo una patria en cada uno de los lugares del mundo donde tengo la suerte de tener un amigo. La tengo en Catalunya, en Daimiel, en Madrid, en Urugay, en Nueva York, en Colombia, en Japón, en Brasil, en Korea del Sur, en China, en Puerto Rico, en el Yemen y en Perú.
Permitidme que me recree un poquito en esos momentos inolvidables con mis queridísimos amigos peruanos en los que, al calor de una cerveza Cuzqueña y una buena conversación, cantábamos al unísono la preciosa canción de Augusto Polo Campos: "Y SE LLAMA PERÚ CON P DE PATRIA!" Los buenos recuerdos también son mi patria a la que vuelvo siempre que lo necesito.

El pasado viernes fui a visitar una exposición en Caixa Forum, se llama VENTANAS AL MUNDO e invita a asomarse. Se proyectan en ella una serie de cortometrajes donde descubres historias de personas de diferentes países que no viven en las circunstancias más favorables pero que luchan por salir adelante de la manera más digna.
Uno de estos documentales me conmovió profundamente, se titula La escuela de la calle de Maximiliano González y nos habla sobre el centro educativo Isauro Arancibia, único colegio de Buenos Aires que acoge a niños que viven en situación de abandono y extrema pobreza. Ellos son los auténticos protagonistas de este documental y a pesar de sus circunstancias vitales totalmente adversas y de sus historias personales absolutamente crueles y desgarradoras, luchan por mantenerse en pie, por drogarse menos, por estar más despiertos y un poco más limpios para poder asistir a la escuela. Viéndolos y escuchando sus palabras me dio por pensar que, en este caso, la escuela es su referente, el lugar al que volver cada día, el único sitio donde alguien los espera para recibirlos y decirles que sí, que ellos también hacen algo bien. La escuela es por tanto su única patria pues no tienen ningún otro sitio al que volver. Su familia les dio la espalda, su ciudad los margina, su país los esconde.
La escuela no sólo les dará la oportunidad de ser alguien en el futuro sino que les da la maravillosa opción de tener amigos en el presente... De relacionarse con sus iguales, de que alguien les eche el brazo por encima y de lo que más anhelan: SENTIRSE QUERIDOS. Sí, la escuela también puede ser una patria (por más que a determinada presidenta de comunidad no le entre en la cabeza).


Dice Joaquín que "al Lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver", en cambio yo pienso que lo maravilloso de haber estado es que luego puedes regresar siempre que quieras. Y os aseguro que lo hago, de vez en cuando (bastante a menudo, por cierto) me baño en las aguas cristalinas de Maldivas, me tomo un te en Ceylan o comparto un ceviche y un ratito de lo más agradable con mi familia peruana. Ese es mi mayor legado: los recuerdos felices, vivir todo lo bueno que me ofrezca este presente y el amor por mi gente... Vosotros sois sin duda MI PATRIA.

5 comentarios:

  1. Como bien predije, cada post mejora el anterior, sin duda alguna.
    TE QUIERO.
    Carme T

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  2. Fantástico...no me cansare nuca de leerte

    PEtonet preciosa

    Berta

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  3. Gracias chicas guapas. Abrazo enorme.

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  4. Me encanta formar parte de tu Patria.

    Espero con entusiasmo tu próxima entrada.

    Una admiradora anónima.

    Tu fiel seguidora.

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  5. Hola Nica, maravilloso post, me has hecho recordar el momento en el que después del viaje en tren desde Cuzco y la subida en un autobús destartalado y tras pocos pasos vislumbré el Machu Pichu, creo que ha sido una de las mayores emociones que he vivido. Desde muy pequeña, cuando veía las fotos en los libros me decía a mi misma que un día iría. Y allí fuí, en 1989, y claro que volvería, he recordado muchas cosas, hasta el pisco sour. Gracias

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