viernes, 28 de agosto de 2015

PRIMERA PARADA



No puedo creer que haga tanto tiempo que no escribo. Los días se han ido volando y ya estoy con esa nostalgia que trae consigo el final del verano, este año mucho más acentuada porque finaliza la etapa más dulce de mi vida, esa en la que he sido mamá a tiempo completo. Empieza otra en la que tocará lidiar con horarios, prisas y papillas y contar con la ayuda de las abuelitas. 
Ni siquiera se si alguien pasará todavía por este pequeño rincón pero ya siento que necesito asomarme a esta ventanita y compartir los buenos ratos que me han regalado estas vacaciones. Tranquilas, sencillas pero importantísimas, las primeras como familia de tres. Sólo por eso: ¡fantásticas!
Hace un mes preparamos nuestra casita con ruedas elegimos lecturas e iniciamos una ruta que tenía que acabar en Cádiz pero que nos deparaba grandes sorpresas por el camino.




La primera parada fue en Valencia que está guapa, guapa. La playa de la Malvarrosa debería ser declarada patrimonio inmaterial de la humanidad por la Unesco, algo así como la plaza Yamaa El Fna de Marrakech, el lugar es precioso pero lo importante es lo que se cuece: ambientazo, restaurantes chulos, puestecillos hippies, familias enteras cenando al fresco con sus mesas de camping y sus neveras portátiles, danzantes africanos, cantantes autóctonos, brasas con mazorcas de maíz... Un hervidero. Me gustan esos sitios y jamás veo la hora de irme.


La Malvarrosa para la tarde noche y por el día un paseito por el centro, una visita a la Catedral, joya sin parangón en la Península por su mezcla de estilos increiblemente bien conservados y luego habrá que comer ¿no?
El sitio que descubrimos en Valencia parecía que lo habían hecho para mi y para mis amigas las Perias: Restaurante Trece. Decoración sencilla, rústica - vintage, con buen gusto, una exposición de zapatos en la entrada, producto de mercado, un menú excelente calidad precio y un trato exquisito. Mención especial al arroz con pato y setas y a las croquetas caseras de jamón (con estas nos vieron tan entregados que nos trajeron otro platillo obsequio de la casa).



Trece es un local que además ofrece una programación que incluye showrooms, ciclos de gastronomía, cine y eventos de moda. Cocina de mercado con toque especial y mucho mimo hacia el producto, local bonito, vajilla bonita, buen trato y eventos estupendos ¿Suena bien verdad?
Cargamos bártulos y seguimos en ruta. Próxima parada: Córdoba.

martes, 16 de junio de 2015

CON UNA SONRISA

Últimamente me cuesta encontrar un momento para escribir, tener un bebé y estar de baja maternal siendo primavera es un deleite y paro muy poquito por casa. Hoy por fin llueve así que me he preparado un te frutal en una taza bonita y me dispongo a compartir algo que me pasó hace unas semanas.
Fue uno de esos días para enmarcar y no quiero dejar de recordarlo.
Pasaba por un momento de preocupaciones intensas, la felicidad completa es difícil ¡Qué le vamos a hacer! Así que madrugué y me fui a la estación. Cogí el primer tren con destino Barcelona porque ya se sabe que, en mi caso, barcelonear sin rumbo fijo es una cura para todo mal. Cuando el tren paró, un montón de caras sonrientes se ofrecieron a ayudarme a subir el cochecito del bebé y lo mismo sucedió a la llegada.
Empecé mi recorrido por la Iglesia de Sant Jaume, me gusta ir de vez en cuando porque desconecto del ruido y me renuevo. Mi amiga y yo tenemos la costumbre cuando algo nos preocupa de ponerle una vela a San Judas Tadeo (Patrón de los Imposibles) y bromeamos diciendo que un día nos va a echar a patadas de allí (la frecuencia de nuestros pedidos es considerable).
Al lado hay una cafetería a la que me gusta entrar,  esta vez me atendió una muchacha enérgica y 100% sonriente. Consideré que me merecía un premio y fui a dar con el mejor croissant de chocolate de toda Barcelona.
A continuación entré en una juguetería a mirar unas cositas para mi niño, cuando llevaba dos minutos la dependienta empezó a repartir helados ¿Rodeada de juguetes y comiendo helado? Me trasladé a mi infancia por el túnel del tiempo. Me dispuse a pagar, tenía tres personas por delante, como iba con el bebé de ninguna manera me dejaron esperar así que me ahorré ese tiempo y pude seguir paseando.
Fue entonces cuando recibí la llamada de mi chico anunciando que se cogía la tarde libre y venía a comer con nosotros ¡El día mejoraba por momentos!
Nos decantamos por uno de los barrios más vibrantes y con más personalidad de la Barcelona actual: el Raval, lugar de contrastes y mucha vida. Comimos en el Ofis un restaurante chulo con un menú bueno a la par que económico en el que no existen primeros ni segundos platos sino unas cuantas opciones que tú combinas a tu elección.


Mención especial al maravilloso pan artesanal que hornean a diario.


Es uno de esos sitios que te atrapa a partes iguales por lo rico de su cocina, por la amabilidad de su personal y por su decoración, con una peculiaridad: todo lo que hay está a la venta (comida, mobiliario, lámparas, cuadros...).


A la salida mis chicos me hicieron un regalito que no esperaba y que me emocionó un montón porque una se vuelve un poco ñoña cuando es madre.


Y aun tuve una sorpresa más: mis queridos amigos afincados en Canadá de los que me siento absolutamente orgullosa nos enviaban la foto de un regalito hecho a mano para Albert.



Acabé el día cargada de fuerza pensando que el mundo sigue siendo un lugar maravilloso poblado de gente buena, que tengo una familia bonita y la gran suerte de tener amigos a los que adoro, algunos a la vuelta de la esquina, otros en sitios tan lejanos como Montreal, Lima, Múnich, Venecia, Nueva York, Medellín o  Tokio. Ellos me hacen sentir que al final el mundo no es un lugar tan grande y que puedo trazar líneas imaginarias que impregnan de amor mi mapamundi particular.
En estas divagaciones estaba y, después de toparme durante el día con tantas caras sonrientes, yo también me fui a dormir con una sonrisa.

lunes, 18 de mayo de 2015

CADAQUÉS, LA NOCHE SOÑADA.



Ya he expresado en otras ocasiones mi amor por Cadaqués, ese rincón del mundo que me sirve año tras año de balneario para el alma. Me cambia el carácter cuando, después de recorrer las 117 curvas por esa carretera de montaña, admiro la blancura y la belleza absoluta de mi pueblo ampurdanés. Ese difícil acceso, que lo ha mantenido aislado prácticamente hasta el siglo XX, ha preservado Cadaqués como la perla que es.
Este fin de semana un evento muy especial nos ha llevado hasta allí: Màxim Huerta presentaba su última novela "La Noche soñada", ambientada en la Costa Brava, en un lugar inventado que él ha llamado Calabella (en su imaginación: Cadaqués). Todo sucede en la noche de San Juan de 1980 de la mano de un inquieto protagonista que, en el día más mágico del año, en vez de pedir un deseo hará todo lo posible por cambiar su destino.
No puedo evitar sentirme identificada. Las noches de San Juan de los últimos años las he pasado en Cadaqués. Escribimos nuestros deseos, paseamos por el pueblo, vemos arder la hoguera y antes de irnos a dormir los lanzamos a ese mar cristalino y los vemos perderse por la bahía. Este año daré gracias a esa hoguera y a ese mar que por fin acercó a mi orilla el deseo más preciado.
La cita con Màxim Huerta fue en el Bar Boia Nit, un chiringuito de playa en el mismo paseo del pueblo, que dicho sea de paso, es altamente recomendable por su ubicación, por sus tapas de buen producto y por sus precios más que razonables.
Fue una reunión de amigos al atardecer, a la orilla del mar. Con un cóctel creado para la ocasión a base de Umeshu (licor de ciruela japonés), frambuesas, moras y haba tonka. Màxim estaba encantado y encantador, nos explicó como se enciende la chispa de la inspiración cada vez que acude a Cadaqués, dónde se ubican los pasajes de su novela y como se purifica su alma cuando visita este rincón del mundo. ¿Será la tramontana? ¿Tendrá ese viento el poder de llevarse todo lo malo y devolvernos limpios de pesares?
Entablamos conversación, es una persona inteligente y cercana a partes iguales. De esas con las que compartirías horas al compás de una buena charla y de un buen vino.

Es difícil expresar la paz que siento cuando estoy en Cadaqués. He ido muchas veces cuando no pasaba buenos momentos y siempre he vuelto reestablecida.
Para descansar nos gusta el Hotel Sol Ixent, en su restaurante Gala sirven un menú exquisito por 24 euros, mención especial a los raviolis de foie con salsa de boletus y a la ensalada de salmón con aguacate.
Nos hemos comido la paella de rigor en Casa Pilar y nos hemos hecho algún regalito en Sa Botigueta.
Cadaqués me atrapa, me inspira, me limpia y me enamora. Tanto blanco, tanto viento, tanta agua cristalina, tanto azul.

Tan bello al amanecer.

Como al atardecer. 


 Esta vez he tenido que perderme sola a ratitos por sus calles empedradas, no son viables con cochecito de bebé.

He vuelto a subir a la iglesia para mirar sobre los tejados y llegar al horizonte.


Mientras mis dos chicos se relajaban tomando café en el Casino - societat de l'Amistat de Cadaqués-la sede social del pueblo fundada en el s. XIX, yo deambulaba soñando sin rumbo fijo.
Respirando, exponiéndome al viento, imaginando un futuro cercano tranquilo, en el que mi niño correrá descalzo por la orilla de ese mar.


miércoles, 29 de abril de 2015

SIN MÁS PRETENSIÓN


Hay  un escrito circulando por las redes desde hace tiempo que se atribuye a Meryl Streep. No se si pertenece realmente a ella pero me ha gustado mucho leerlo en este momento de mi vida y ha cobrado para mi un sentido muy especial. Se titula YA NO TENGO PACIENCIA y dice:
"Ya no tengo paciencia para algunas cosas, no porque me haya vuelto arrogante, sino simplemente porqué llegué a un punto de mi vida en que no me apetece perder más tiempo con aquello que me desagrada o hiere. No tengo paciencia para el cinismo, envidias, críticas en exceso y exigencias de cualquier naturaleza. Perdí la voluntad de agradar a quién no agrado, de amar a quién no me ama y de sonreír para quién no quiere sonreírme. 
Ya no dedico un minuto de mi tiempo a quién miente o quiere manipular a mí misma o a otras personas. Decidí no convivir más con la pretensión, hipocresía, lo superficial, la deshonestidad y elogios baratos. No consigo tolerar la erudición selectiva y la altivez académica. No me ajusto más con la barriada o el chusmerío.
No soporto conflictos y comparaciones. 
Creo en un mundo de opuestos y por eso evito personas de carácter rígido e inflexible. En la amistad me desagrada la falta de lealtad y la traición. 
No me llevo nada bien con quién no sabe elogiar o incentivar a las personas. Las exageraciones me aburren y tengo dificultad en aceptar a quien no gusta de los animales.
Y encima de todo ya no tengo paciencia ninguna para quién no merece mi paciencia"


Se que tengo mucho que aprender, estoy en un momento vital en el que valoro más que nunca las cosas pequeñas, deseo rodearme de positividad y seguir respirando esta felicidad hasta ahora desconocida: la que te regala un hijo con cada mirada, con cada sonrisilla pícara, con cada nuevo gesto que le descubres o cuando ves el amor que despierta en tus seres queridos. A la vez siento que mi amor se multiplica, no sólo por él sino por mi familia, por mis amigos, por su papá.
Y no hay felicidad más absoluta que disfrutar de la explosión de vida que nos regala cada día esta primavera que huele más que nunca a belleza. Jamás había disfrutado tanto de la naturaleza, de los paseos al sol, del mar, de los colores del campo salpicado de flores.
La semana pasada estuvimos unos días en la montaña, en una pequeña casita que hizo mi padre con sus propias manos. Lo más modesto del mundo, diminuta y decorada con muebles de segunda mano y con los cuadros de mi madre que siempre quiso pintar y por fin está haciendo sus primeros pinitos.
Allí disfrutamos  de los mimos de los abuelos, de la comida de mi madre y de las risas de mi niño.
Di largos paseos, dormí siestas interminables con mis cachorrillos y nos deleitamos viendo a mi padre sembrar en su huerto los tomates que nos comeremos este verano.
Nuestros árboles frutales están ya en plenitud primaveral.

El manzano en flor.


 El Cerezo.

Y las lilas a punto de abrir.


Conocimos a la señora Gracia que tiene más de 80 años, vive sola rodeada de montañas por elección y tiene un fantástico jardín de tulipanes.

Y hablando de tulipanes me encantó ver estos cuyas semillas compré en Ámsterdam para mi madre hace siete años y siguen floreciendo cada primavera.

Disfrutar de lo que te da la vida, ver la belleza en lo más pequeño, poner los cinco sentidos en el día a día, es mi único propósito. Quiero vivir esta etapa de paz gozando de los momentos que trae. Amamantar a mi hijo, dormirlo en mis brazos, disfrutar de las caricias de su padre, de la mirada cómplice de mis amigas, de los elogios de sus abuelos, de los encuentros con sus primos. Absorber cada segundo para poder rememorarlo el resto de mi vida. Sólo aspiro a eso, a ser consciente de la grandeza del momento y permitirme vivirlo feliz. Sin más pretensión.
 
 

jueves, 16 de abril de 2015

ESCAPADA AL SUR DE FRANCIA

 


Me encanta viajar. Descubriendo mundo, mezclándome con personas diferentes, probando otros sabores, me siento en estado de gracia, feliz.
Ahora con un bebé tan pequeño hay que adaptar algunos horarios, mirar mejor donde te metes a dormir y hacer alguna que otra anticipación, pero sin duda se puede. Esta ha sido nuestra primera escapada familiar con un bebé de un mes y una perrita de cuatro meses y ratifico: ¡Se puede!
Hemos estado en el sur de Francia en el Languedoc-Rosellón una zona bellísima entre el Delta del Ródano y los picos pirenaicos bañada por el Mediterraneo. Ideal para hacer vida tranquila, dar largos paseos y recorrer carreteras que serpentean entre viñedos, castillos cátaros y las aguas tranquilas del Canal de Midi, milagro de la ingeniería del s.XVII que hizo posible la unión entre Atlántico y  Mediterráneo.

 
Nos alojamos en un complejo de casitas llamado PORT MINERVOIS muy modestas pero con todo lo necesario y a un precio espectacular situadas en un emplazamiento precioso en un pueblecito llamado Homps justo delante del canal. Ideal si vas con niños porque la zona es acotada y hay parque y piscina. Justo delante un lago precioso y multitud de caminos para pasear.
 


La zona es maravillosa, enamora la tranquilidad de los pueblecitos cercanos bañados por el canal como Le Somail, o por el Mediterraneo como Cruissan, espectacular pueblo-fortaleza totalmente circular.
 
 

También tomarle el pulso a Narbonne una ciudad no excesivamente grande pero bella, llena de vida y repleta de gente muy guapa con esa elegancia y ese estilito francés refinado que tanto me gusta. Parada recomendada en Narbonne la Creperie d'Oc, crepes dulces y salados buenísimos, unas ensaladas espectaculares y unos precios estupendos.
 
Y luego está Carcassonne que siempre tiene una visita a pesar de no ser mi pueblo medieval favorito, ni el más auténtico, esa vista de la Cité siempre conmueve un poco y la Cassolette de canard y las peras al chocolate que puedes comerte en el Restaurante Le Chateux conmueven mucho más.

 



 
 
 

Como en todo periodo vacacional he  ido bien acompañada de dos libros muy recomendables.



Me encanta la atmósfera tan peculiar que es capaz de crear Máxim Huerta en sus novelas "Una tienda en París" no es una excepción, muy ameno y de lectura rápida, ideal para unas vacaciones.  El libro "De Gandía a la Casa Blanca" de Ruben Figueres, emprendedor español afincado en Chicago, es de esos que te hacen pensar que un cambio de vida es posible, que uno puede ir en busca de sus sueños y que siempre hay quien tiene el coraje de crear un mundo a su medida.

Hubo tiempo también para hacer alguna que otra compra y no hizo falta ir a ninguna tienda muy sofisticada, en el Carrefour de Narbonne me topé con una sección espectacular de cosmética natural: productos bio, totalmente ecológicos, libres de parabenos y creados en empresas respetuosas con el medio ambiente. No hace falta decir que me volví loca.
 

Entre los descubrimientos la marca Le Petit Olivier, uso estas pastillas de jabón artesanal incluso para la cara y es maravillosa la sensación de limpieza y suavidad que dejan en la piel.

 
Pero sin duda lo más bello de este viaje ha sido disfrutar de mi familia, de mi bebé tan chiquitín y de nuestra perrita Lila que ha sido feliz en plena naturaleza. Hasta ahora no sabía que un paseo al atardecer podía ser tan placentero, que pudieran darse tantos besos por minuto ni que la mirada de un ser tan pequeñito conseguía derretir de tal manera el corazón de una madre.
 
 
Y de un padre :-)
 
 

 


 

domingo, 15 de marzo de 2015

MI PEQUEÑO MILAGRO



La ilusión se hizo latido, el latido un garbancito en su interior, poco a poco el garbancito tuvo dedos, labios, corazón... La ilusión cumplió sus cuentas, del latido a la caricia del dolor, la mirada que despierta guarda en su inocencia TODO LO QUE SOY. "Cuando Pedro Llegó" Pedro Guerra.

Los días de barriga, de dulce espera, de pataditas por la noche, de acondicionar el nido, de prepararte la habitación, de soñarte a cada instante, de escribirte cartas, de tocarte con mucha piel de por medio, de besar la imagen de las ecografías, de hablarte sin verte, de ponerte música, de encender velas a la Virgen de la Esperanza... Han dado paso a los días de teta, de miradas embelesadas, de pañales, de llantos, de besos dulces, de caricias suaves, de amor incondicional, de amor de mamá, de amor de papá, de amor a tu papá.
 
Traerte al mundo no ha sido fácil desde el principio: mucho tiempo soñándote, muchas lágrimas, mucha frustración...  Y de pronto un día empezaste a ser verdad y esa idea dio un giro radical a nuestra vida llenándola de esperanza, de felicidad, de buenos augurios, de confianza plena en que lo mejor está por llegar: tú, nuestra familia, lo mejor.
 
Naciste de noche con mucho dolor y complicaciones que no esperábamos pero eres un luchador desde tu primer minuto y aquí estás para contarlo. El dolor y la incertidumbre decidieron dejarnos un paréntesis de segundos para poder vernos y sentir el tacto más suave que jamás imaginé, tu cabecita en mis labios, tu perfume a vida, tus ojos clavados en los míos, el instante más poderoso de mi vida. Esa vida que hubiera dado por ti sin dudarlo en esa misma camilla, en ese mismo momento en que tú viste la luz y yo conocí a mi gran amor.
 
Y he vuelto a enamorarme de tu padre cada día desde entonces, cuando veo como te cuida, cuando me siento también tan cuidada, tan respaldada, tan protegida y tan querida. Cuando os veo dormir a los dos abrazaditos y cuando siento que  hace de nuestra casa un refugio en el que parece que nadie podrá hacernos daño jamás.
 
No te niego que a ratitos echo de menos ser yo, peinarme, ponerme un vestido y esas cenas románticas improvisadas con tu papá o nuestros lunes barceloneando sin rumbo fijo . Y también se que añoraré la espontaneidad de los planes, las tardes de cine y de teatro, las noches de furgo en cualquier cala de la Costa Brava,  los viajes exóticos...Sin embargo ni por un segundo cambiaría ni uno sólo de esos instantes por tenerte aquí.
 
No todo es idílico: a los dolores de mi cesarea se han unido los del pecho, aveces lloras y no se qué te pasa, tengo sueño cuando no duermo por la noche y mis hormonas están en un baile continuo y no me entiendo ni yo.  Y es que vivo sin vivir en mi como Santa Teresa de Jesús.
Pero pasan los días y cada vez estamos mejor, y cada vez nos conocemos más y cada vez tenemos más momentos de felicidad.
 
Y podría mirarte una eternidad y agarrar tu manita durante horas sin soltarla y acariciar tu pelo y dibujar tus labios con mi dedo y olerte sin parar y cantarte nanas y decirte lo mucho que te quiero mientras duermes. Y se que esto no ha hecho más que empezar y aprenderemos juntos y creceremos juntos y seguramente nos equivocaremos juntos pero tiraremos hacia adelante con este amor inmenso que nos unirá para siempre.
 
Y también se que no hay nada comparable a poder llamarte hijo, a ser tu MADRE y a que tú me hayas dado lo que siempre soñé: mi propia familia.
 
Gracias hijo, gracias amor, gracias Albert.

 

miércoles, 18 de febrero de 2015

CAMINO A LA ESCUELA

 
Esta semana fui al cine a ver una de esas historias conmovedoras hasta la médula que no te deja indiferente y te hace reflexionar increíblemente sobre un montón de aspectos vitales.
En realidad son las cuatro historias, reales y extraordinarias, de cuatro niños que deben enfrentarse diariamente a la adversidad y a los peligros más salvajes para poder llegar a la escuela.
Los cuatro viven en puntos muy distantes del planeta pero comparten circunstancias muy similares: una distancia abismal y peligrosa a sus centros de estudio, unas ganas impresionantes de aprender y una convicción férrea a pesar de su corta edad de que sólo la educación les abrirá las puertas a un porvenir mejor, a un futuro deseado en el que ellos podrán cambiar el mundo.
 

Carlitos tiene 11 años y vive en la Patagonia Argentina. Recorre dos veces al día más de 18 km a caballo con su pequeña hermana cruzando montañas y grandes llanuras por regiones totalmente inhóspitas, soportando las inclemencias del tiempo y los peligros de un terreno agreste y despoblado.
 
 
 
Jackson tiene 11 años y vive en Kenia, dos veces al día él y su hermana menor caminan 15 km a través de la sabana sorteando peligrosas familias de elefantes y animales salvajes. Es aterrador ver el miedo en sus ojos y ser consciente de que se juegan la vida a cada paso, recorriendo 30 km de peligro atroz para poder aprender.
 
 
 

Zahira tiene 12 años y vive en el Atlas Marroquí. Dos veces a la semana recorre 22 km atravesando montañas hasta llegar al internado en el que reside toda la semana para poder asistir a la escuela.
 
 
Samuel tiene 13 años y vive en India. Debido a su discapacidad no puede andar pero asiste diariamente al colegio empujado por sus dos hermanos menores durante 4 km en un silla totalmente rudimentaria. Su sonrisa, su arrojo, sus ganas de prosperar en la vida harán que no puedas olvidarte de él.
 
 
Te recomiendo fervorosamente este documental de Pascal Plisson que ya han visto dos millones de espectadores en todo el mundo. Si puedes prioriza la versión original, precioso oír sus voces y no perder ni un ápice de su expresión, de su inquietud y alegría.
Si estás por Barcelona puedes rematar la tarde viendo la exposición fotográfica que se muestra sobre la película en el Palau Robert.
 
El documental nos acerca a realidades muy duras pero nos deja con un buen sabor de boca que radica en la convicción absoluta de estos niños de estarse labrando el mejor futuro posible gracias a su esfuerzo.
Carlitos será veterinario, quiere seguir poblando las tierras recónditas de su familia, cuidando de sus animales y de sus terrenos.
Jackson será piloto, por fin podrá ver la sabana desde las alturas y ya no existirá el miedo ni el peligro de que familias enteras de elefantes puedan atacarle.
Zahira será maestra y convencerá a todos los padres de que la educación es el mejor regalo que pueden entregarle a sus hijos.
Samuel será médico y descubrirá como ayudar a andar a niños como él.