lunes, 18 de mayo de 2015

CADAQUÉS, LA NOCHE SOÑADA.



Ya he expresado en otras ocasiones mi amor por Cadaqués, ese rincón del mundo que me sirve año tras año de balneario para el alma. Me cambia el carácter cuando, después de recorrer las 117 curvas por esa carretera de montaña, admiro la blancura y la belleza absoluta de mi pueblo ampurdanés. Ese difícil acceso, que lo ha mantenido aislado prácticamente hasta el siglo XX, ha preservado Cadaqués como la perla que es.
Este fin de semana un evento muy especial nos ha llevado hasta allí: Màxim Huerta presentaba su última novela "La Noche soñada", ambientada en la Costa Brava, en un lugar inventado que él ha llamado Calabella (en su imaginación: Cadaqués). Todo sucede en la noche de San Juan de 1980 de la mano de un inquieto protagonista que, en el día más mágico del año, en vez de pedir un deseo hará todo lo posible por cambiar su destino.
No puedo evitar sentirme identificada. Las noches de San Juan de los últimos años las he pasado en Cadaqués. Escribimos nuestros deseos, paseamos por el pueblo, vemos arder la hoguera y antes de irnos a dormir los lanzamos a ese mar cristalino y los vemos perderse por la bahía. Este año daré gracias a esa hoguera y a ese mar que por fin acercó a mi orilla el deseo más preciado.
La cita con Màxim Huerta fue en el Bar Boia Nit, un chiringuito de playa en el mismo paseo del pueblo, que dicho sea de paso, es altamente recomendable por su ubicación, por sus tapas de buen producto y por sus precios más que razonables.
Fue una reunión de amigos al atardecer, a la orilla del mar. Con un cóctel creado para la ocasión a base de Umeshu (licor de ciruela japonés), frambuesas, moras y haba tonka. Màxim estaba encantado y encantador, nos explicó como se enciende la chispa de la inspiración cada vez que acude a Cadaqués, dónde se ubican los pasajes de su novela y como se purifica su alma cuando visita este rincón del mundo. ¿Será la tramontana? ¿Tendrá ese viento el poder de llevarse todo lo malo y devolvernos limpios de pesares?
Entablamos conversación, es una persona inteligente y cercana a partes iguales. De esas con las que compartirías horas al compás de una buena charla y de un buen vino.

Es difícil expresar la paz que siento cuando estoy en Cadaqués. He ido muchas veces cuando no pasaba buenos momentos y siempre he vuelto reestablecida.
Para descansar nos gusta el Hotel Sol Ixent, en su restaurante Gala sirven un menú exquisito por 24 euros, mención especial a los raviolis de foie con salsa de boletus y a la ensalada de salmón con aguacate.
Nos hemos comido la paella de rigor en Casa Pilar y nos hemos hecho algún regalito en Sa Botigueta.
Cadaqués me atrapa, me inspira, me limpia y me enamora. Tanto blanco, tanto viento, tanta agua cristalina, tanto azul.

Tan bello al amanecer.

Como al atardecer. 


 Esta vez he tenido que perderme sola a ratitos por sus calles empedradas, no son viables con cochecito de bebé.

He vuelto a subir a la iglesia para mirar sobre los tejados y llegar al horizonte.


Mientras mis dos chicos se relajaban tomando café en el Casino - societat de l'Amistat de Cadaqués-la sede social del pueblo fundada en el s. XIX, yo deambulaba soñando sin rumbo fijo.
Respirando, exponiéndome al viento, imaginando un futuro cercano tranquilo, en el que mi niño correrá descalzo por la orilla de ese mar.