miércoles, 29 de abril de 2015

SIN MÁS PRETENSIÓN


Hay  un escrito circulando por las redes desde hace tiempo que se atribuye a Meryl Streep. No se si pertenece realmente a ella pero me ha gustado mucho leerlo en este momento de mi vida y ha cobrado para mi un sentido muy especial. Se titula YA NO TENGO PACIENCIA y dice:
"Ya no tengo paciencia para algunas cosas, no porque me haya vuelto arrogante, sino simplemente porqué llegué a un punto de mi vida en que no me apetece perder más tiempo con aquello que me desagrada o hiere. No tengo paciencia para el cinismo, envidias, críticas en exceso y exigencias de cualquier naturaleza. Perdí la voluntad de agradar a quién no agrado, de amar a quién no me ama y de sonreír para quién no quiere sonreírme. 
Ya no dedico un minuto de mi tiempo a quién miente o quiere manipular a mí misma o a otras personas. Decidí no convivir más con la pretensión, hipocresía, lo superficial, la deshonestidad y elogios baratos. No consigo tolerar la erudición selectiva y la altivez académica. No me ajusto más con la barriada o el chusmerío.
No soporto conflictos y comparaciones. 
Creo en un mundo de opuestos y por eso evito personas de carácter rígido e inflexible. En la amistad me desagrada la falta de lealtad y la traición. 
No me llevo nada bien con quién no sabe elogiar o incentivar a las personas. Las exageraciones me aburren y tengo dificultad en aceptar a quien no gusta de los animales.
Y encima de todo ya no tengo paciencia ninguna para quién no merece mi paciencia"


Se que tengo mucho que aprender, estoy en un momento vital en el que valoro más que nunca las cosas pequeñas, deseo rodearme de positividad y seguir respirando esta felicidad hasta ahora desconocida: la que te regala un hijo con cada mirada, con cada sonrisilla pícara, con cada nuevo gesto que le descubres o cuando ves el amor que despierta en tus seres queridos. A la vez siento que mi amor se multiplica, no sólo por él sino por mi familia, por mis amigos, por su papá.
Y no hay felicidad más absoluta que disfrutar de la explosión de vida que nos regala cada día esta primavera que huele más que nunca a belleza. Jamás había disfrutado tanto de la naturaleza, de los paseos al sol, del mar, de los colores del campo salpicado de flores.
La semana pasada estuvimos unos días en la montaña, en una pequeña casita que hizo mi padre con sus propias manos. Lo más modesto del mundo, diminuta y decorada con muebles de segunda mano y con los cuadros de mi madre que siempre quiso pintar y por fin está haciendo sus primeros pinitos.
Allí disfrutamos  de los mimos de los abuelos, de la comida de mi madre y de las risas de mi niño.
Di largos paseos, dormí siestas interminables con mis cachorrillos y nos deleitamos viendo a mi padre sembrar en su huerto los tomates que nos comeremos este verano.
Nuestros árboles frutales están ya en plenitud primaveral.

El manzano en flor.


 El Cerezo.

Y las lilas a punto de abrir.


Conocimos a la señora Gracia que tiene más de 80 años, vive sola rodeada de montañas por elección y tiene un fantástico jardín de tulipanes.

Y hablando de tulipanes me encantó ver estos cuyas semillas compré en Ámsterdam para mi madre hace siete años y siguen floreciendo cada primavera.

Disfrutar de lo que te da la vida, ver la belleza en lo más pequeño, poner los cinco sentidos en el día a día, es mi único propósito. Quiero vivir esta etapa de paz gozando de los momentos que trae. Amamantar a mi hijo, dormirlo en mis brazos, disfrutar de las caricias de su padre, de la mirada cómplice de mis amigas, de los elogios de sus abuelos, de los encuentros con sus primos. Absorber cada segundo para poder rememorarlo el resto de mi vida. Sólo aspiro a eso, a ser consciente de la grandeza del momento y permitirme vivirlo feliz. Sin más pretensión.
 
 

jueves, 16 de abril de 2015

ESCAPADA AL SUR DE FRANCIA

 


Me encanta viajar. Descubriendo mundo, mezclándome con personas diferentes, probando otros sabores, me siento en estado de gracia, feliz.
Ahora con un bebé tan pequeño hay que adaptar algunos horarios, mirar mejor donde te metes a dormir y hacer alguna que otra anticipación, pero sin duda se puede. Esta ha sido nuestra primera escapada familiar con un bebé de un mes y una perrita de cuatro meses y ratifico: ¡Se puede!
Hemos estado en el sur de Francia en el Languedoc-Rosellón una zona bellísima entre el Delta del Ródano y los picos pirenaicos bañada por el Mediterraneo. Ideal para hacer vida tranquila, dar largos paseos y recorrer carreteras que serpentean entre viñedos, castillos cátaros y las aguas tranquilas del Canal de Midi, milagro de la ingeniería del s.XVII que hizo posible la unión entre Atlántico y  Mediterráneo.

 
Nos alojamos en un complejo de casitas llamado PORT MINERVOIS muy modestas pero con todo lo necesario y a un precio espectacular situadas en un emplazamiento precioso en un pueblecito llamado Homps justo delante del canal. Ideal si vas con niños porque la zona es acotada y hay parque y piscina. Justo delante un lago precioso y multitud de caminos para pasear.
 


La zona es maravillosa, enamora la tranquilidad de los pueblecitos cercanos bañados por el canal como Le Somail, o por el Mediterraneo como Cruissan, espectacular pueblo-fortaleza totalmente circular.
 
 

También tomarle el pulso a Narbonne una ciudad no excesivamente grande pero bella, llena de vida y repleta de gente muy guapa con esa elegancia y ese estilito francés refinado que tanto me gusta. Parada recomendada en Narbonne la Creperie d'Oc, crepes dulces y salados buenísimos, unas ensaladas espectaculares y unos precios estupendos.
 
Y luego está Carcassonne que siempre tiene una visita a pesar de no ser mi pueblo medieval favorito, ni el más auténtico, esa vista de la Cité siempre conmueve un poco y la Cassolette de canard y las peras al chocolate que puedes comerte en el Restaurante Le Chateux conmueven mucho más.

 



 
 
 

Como en todo periodo vacacional he  ido bien acompañada de dos libros muy recomendables.



Me encanta la atmósfera tan peculiar que es capaz de crear Máxim Huerta en sus novelas "Una tienda en París" no es una excepción, muy ameno y de lectura rápida, ideal para unas vacaciones.  El libro "De Gandía a la Casa Blanca" de Ruben Figueres, emprendedor español afincado en Chicago, es de esos que te hacen pensar que un cambio de vida es posible, que uno puede ir en busca de sus sueños y que siempre hay quien tiene el coraje de crear un mundo a su medida.

Hubo tiempo también para hacer alguna que otra compra y no hizo falta ir a ninguna tienda muy sofisticada, en el Carrefour de Narbonne me topé con una sección espectacular de cosmética natural: productos bio, totalmente ecológicos, libres de parabenos y creados en empresas respetuosas con el medio ambiente. No hace falta decir que me volví loca.
 

Entre los descubrimientos la marca Le Petit Olivier, uso estas pastillas de jabón artesanal incluso para la cara y es maravillosa la sensación de limpieza y suavidad que dejan en la piel.

 
Pero sin duda lo más bello de este viaje ha sido disfrutar de mi familia, de mi bebé tan chiquitín y de nuestra perrita Lila que ha sido feliz en plena naturaleza. Hasta ahora no sabía que un paseo al atardecer podía ser tan placentero, que pudieran darse tantos besos por minuto ni que la mirada de un ser tan pequeñito conseguía derretir de tal manera el corazón de una madre.
 
 
Y de un padre :-)