domingo, 15 de marzo de 2015

MI PEQUEÑO MILAGRO



La ilusión se hizo latido, el latido un garbancito en su interior, poco a poco el garbancito tuvo dedos, labios, corazón... La ilusión cumplió sus cuentas, del latido a la caricia del dolor, la mirada que despierta guarda en su inocencia TODO LO QUE SOY. "Cuando Pedro Llegó" Pedro Guerra.

Los días de barriga, de dulce espera, de pataditas por la noche, de acondicionar el nido, de prepararte la habitación, de soñarte a cada instante, de escribirte cartas, de tocarte con mucha piel de por medio, de besar la imagen de las ecografías, de hablarte sin verte, de ponerte música, de encender velas a la Virgen de la Esperanza... Han dado paso a los días de teta, de miradas embelesadas, de pañales, de llantos, de besos dulces, de caricias suaves, de amor incondicional, de amor de mamá, de amor de papá, de amor a tu papá.
 
Traerte al mundo no ha sido fácil desde el principio: mucho tiempo soñándote, muchas lágrimas, mucha frustración...  Y de pronto un día empezaste a ser verdad y esa idea dio un giro radical a nuestra vida llenándola de esperanza, de felicidad, de buenos augurios, de confianza plena en que lo mejor está por llegar: tú, nuestra familia, lo mejor.
 
Naciste de noche con mucho dolor y complicaciones que no esperábamos pero eres un luchador desde tu primer minuto y aquí estás para contarlo. El dolor y la incertidumbre decidieron dejarnos un paréntesis de segundos para poder vernos y sentir el tacto más suave que jamás imaginé, tu cabecita en mis labios, tu perfume a vida, tus ojos clavados en los míos, el instante más poderoso de mi vida. Esa vida que hubiera dado por ti sin dudarlo en esa misma camilla, en ese mismo momento en que tú viste la luz y yo conocí a mi gran amor.
 
Y he vuelto a enamorarme de tu padre cada día desde entonces, cuando veo como te cuida, cuando me siento también tan cuidada, tan respaldada, tan protegida y tan querida. Cuando os veo dormir a los dos abrazaditos y cuando siento que  hace de nuestra casa un refugio en el que parece que nadie podrá hacernos daño jamás.
 
No te niego que a ratitos echo de menos ser yo, peinarme, ponerme un vestido y esas cenas románticas improvisadas con tu papá o nuestros lunes barceloneando sin rumbo fijo . Y también se que añoraré la espontaneidad de los planes, las tardes de cine y de teatro, las noches de furgo en cualquier cala de la Costa Brava,  los viajes exóticos...Sin embargo ni por un segundo cambiaría ni uno sólo de esos instantes por tenerte aquí.
 
No todo es idílico: a los dolores de mi cesarea se han unido los del pecho, aveces lloras y no se qué te pasa, tengo sueño cuando no duermo por la noche y mis hormonas están en un baile continuo y no me entiendo ni yo.  Y es que vivo sin vivir en mi como Santa Teresa de Jesús.
Pero pasan los días y cada vez estamos mejor, y cada vez nos conocemos más y cada vez tenemos más momentos de felicidad.
 
Y podría mirarte una eternidad y agarrar tu manita durante horas sin soltarla y acariciar tu pelo y dibujar tus labios con mi dedo y olerte sin parar y cantarte nanas y decirte lo mucho que te quiero mientras duermes. Y se que esto no ha hecho más que empezar y aprenderemos juntos y creceremos juntos y seguramente nos equivocaremos juntos pero tiraremos hacia adelante con este amor inmenso que nos unirá para siempre.
 
Y también se que no hay nada comparable a poder llamarte hijo, a ser tu MADRE y a que tú me hayas dado lo que siempre soñé: mi propia familia.
 
Gracias hijo, gracias amor, gracias Albert.