sábado, 27 de diciembre de 2014

CAMBIANDO MI TRADICIÓN ¡FELIZ 2015!

En este hogar mío estamos muy aferrados a nuestras propias tradiciones.
Quizás porque vivo con la persona más navideña del mundo, quizás porque su alma es bondadosa por naturaleza, quizás porque ha decidido no renunciar jamás a esa faceta infantil tan suya... Tal vez por todo eso, a mi chico siempre le acompaña el espíritu navideño.
Sacar esa caja del desván llena de figuritas traídas de nuestros viajes por el mundo es uno de sus grandes momentos del año. Yo, que no puedo vivirlo igual, lo miro satisfecha y admirando esa ilusión, esa luz en sus ojos, esas ganas de sobreponerse y de creer en la magia, pase lo que pase.
Y es bonito mirar este árbol que dice tanto de nosotros, de nuestras experiencias, que está decorado con tantas vivencias en los cinco continentes.
 
Con angelitos del Perú.




Algunos adornos canadienses.


 Con un tranvía de San Francisco.
 
 

O con bolitas navideñas suecas... Entre otros detalles traídos de Australia, Nueva York, Noruega, Finlandia...

Somos unos trotamundos afortunados. Quizás por eso decidimos un día empezar el año viajando, nos parece de buen augurio,  y lo hemos mantenido durante mucho tiempo. El día 1 de enero después de las 12 campanadas cogemos un avión y amanecemos en cualquier lugar del mundo como por arte de magia.
Este año la navidad nos trae un deseo aún más grande que nos hace alterar en parte nuestra tradición más arraigada, porque este año todo mi mundo se llama Albert como su papá y está dentro de mi barriga esperando a ver la luz. Ese es el maravilloso motivo por el que empezaremos el año viajando pero más cerquita y sin aviones. Un lugar tranquilo en las montañas cercanas de nuestros maravillosos Pirineos nos espera para seguir pidiendo deseos.
 
 
 
¡FELIZ 2015! Os deseo lo mejor del mundo.