domingo, 30 de noviembre de 2014

SÍ QUIERO X 10



" Hace 10 años tomé la mejor decisión de mi vida. Me volvería a casar contigo todos los días. No es un camino de rosas pero las espinas a tu lado no duelen tanto. Te quiero infinitamente y hoy he clavado yo rodilla porque te lo mereces y estoy loca de contenta de que hayas vuelto a decir SÍ QUIERO"
  
Nuestra última escapadita ha sido a uno de esos paraísos cercanos que siempre son un puerto al que regresar por su belleza, su gastronomía y la increíble hospitalidad de su gente: Las Islas Canarias. Lo que más me cautiva es la autenticidad que se respira en un montón de rincones a pesar de tantísimos años de turismo y de acoger a visitantes de los más variados lugares del mundo. Tal vez ahí radica esa verdad y esa manera tan propia de cuidar a todo el que llega.
Buscábamos un paraíso cercano para celebrar cositas importantes y Tenerife nos ha abierto sus brazos con sus paisajes maravillosos, su buen clima y esa alegría sin parangón.
Empezamos por hospedarnos en el increible: Hotel Vincci Selección Buenavista Golf&Spa 5*, situado en un enclave privilegiado en la zona noroeste, rodeado del campo de golf de Buenavista, al lado de la cordillera del Teno y con unas vistas incomparables, una exquisita decoración colonial, un servicio excepcional y unos desayunos que hacen que estés deseando levantarte de esa cama increíblemente confortable de dos metros de ancho. Afortunadamente los precios, ahora en temporada baja, no son de lujo y pudimos disfrutar de una preciosa y asequible estancia.




Hemos dedicado estos días sobretodo  a la parte Norte de la Isla: la más agreste, la más salvaje, la menos turística... y hemos descubierto rincones bellísimos.
Tras una excursión reveladora de paisajes increíbles en el Parque Rural de Anaga, llegamos a Bajamar, localidad costera de piscinas naturales, acantilados y ambiente surfista. Allí encuentras uno de esos cafés con encanto que tanto me gustan: el Café Melita. Situado al borde de un acantilado entre Bajamar y Punta Hidalgo, te deleitas con un excelente café o con un zumo de frutita isleña recién exprimida, acompañado de los pasteles, tartas y bombones exquisitos que hornean diariamente, de cien modalidades de pan y de confituras artesanales.
Y entonces tienes la suerte de que empiece a llover en el momento justo y disfrutas de la lluvia tras la cristalera del acantilado con el mar a tus pies poblado por los incansables surfistas que no se retiran a pesar de la lluvia, haciendo de las vistas algo increíblemente bucólico y evocador y del café que me estoy tomando un momento único y especial que quiero conservar por siempre en mi retina.

Sin alejarnos de Anaga nos dirigimos después a Taganana, mientras mar y montaña se alían y se difuminan en un paisaje excepcional. 

Taganana es la localidad más importante del interior del Macizo de Anaga y una de las poblaciones más antiguas de la isla con un activo importantísimo: El Restaurante Casa África, el colmo de la autenticidad, con comida casera y propietarios alegres, entregados y decididos a que te sientas como en casa. Platos sencillos, tradicionales, pescado fresco, papas con mojo y un pulpo que definirlo como delicioso es quedarse corto.
Después Tenerife tiene esos lugares que no hay que dejar de visitar aunque ya hayas estado mil veces y que siempre ofrecen diferentes matices y una belleza excepcional: La Orotava, Santa Cruz, Puerto de la Cruz, el Teide y tantos otros. Me encantan los sitios que saben mezclar con tanto encanto y naturalidad tradición y modernidad, y Tenerife está plagado de ellos.
Paseando por Santa Cruz encontramos estos arbolitos al abrigo del crochet. Una novata enamorada de tejer como yo disfrutó paseando por el parque con estas vistas.


Y en Puerto de la Cruz descubrimos el mejor lugar para resarcirnos de tanto homenaje culinario calórico: El Limón un restaurante vegetariano, encantador y riquísimo.




En esta familia de dos tenemos mucho que celebrar: lo más importante es que pronto seremos tres y lo siguiente más importante es que llevamos diez años compartiendo vida, casa, momentos felices, momentos difíciles, penas y alegrías. Diez años construyendo un hogar, creciendo, superando situaciones, soñando con hacernos viejitos juntos.
Grandes motivos para hacer las maletas y buscar un paraíso que esta vez no fuera muy lejano por lo de no volar muy lejos en mi estado. Tenerife nos lo brindó y el Teide hizo posible un paseo por las nubes en el que esta vez fui yo quien hizo la pregunta 10 años después y de rodillas... Evocando aquella primera vez en la plaza San Marco de Venecia.
El sí quiero de sus labios y las lagrimas de emoción fueron el mejor colofón para esta escapada isleña imposible de olvidar.

martes, 4 de noviembre de 2014

EL FARO DE EVA

 
"La sabiduría es darse cuenta de lo esencial" Jose Luís San Miguel de Pablos.
 
 
 
Ahora que por fin parece llegar el otoño de verdad, que los días son lluviosos y desprenden ese olorcito a melancolía, que apetece encender el horno y tomar leche calentita con pasteles recién hechos, mi mente ha evocado un lugar muy especial donde estuve hace poquito tiempo.
Se trata de un faro en un enclave remoto, cerca del Círculo Polar Ártico: El faro de un pueblito de Noruega llamado Alnes. EL FARO DE EVA la guardiana que llena de dulzura el lugar más inhóspito.
Alnes es un pueblo perdido en la Isla de Godoy (Noruega) para poder llegar desde Alesund hay que  saltar varias islas y cruzar largos túneles por encima y por debajo del mar. Los noruegos viven asombrosamente con su geografía y cuando se proponen llegar a un lugar llegan, a veces, como en esta ocasión, hay que atravesar montañas, cruzar túneles submarinos y dar un millón de vueltas por terrenos imposibles, pero la conquista vale la pena.
Por fin estás en Alnes, un pueblito de pescadores salpicado de casas de colores con la parte de atrás asomando al embarcadero y la barca esperando para salir en cualquier momento a pescar la cena. La vida es tranquila, reposada y sus habitantes  no pasan por alto lo esencial.
 
 
 
 
Y entonces te percatas de que un faro lo preside todo. Ese faro orgulloso que lleva siglos alertando a los pescadores del afamado bacalao de la zona.
 
 
 
 
Y cuando te acercas un delicioso olor a tarta de arándanos te dice que está abierto y te invita a pasar, a sentarte, a reposar, a ver la lluvia caer tras el cristal y a deleitarte con el trozo de tarta recién hecha que Eva y sus chicas acaban de elaborar con sus propias manos.
 
 
 
Me inspiró tanto el lugar. Cada una de las tres mujeres que preparaban deliciosas tartas, que servían tés y cafés calentitos, que atendían con amabilidad a toda persona que atravesaba la puerta, me cautivó hasta tal punto que me hubiera quedado días pidiendo que me hablaran de su historia, de cómo habían llegado al faro de Alnes y de cómo tuvieron la brillante idea de que este no iluminara sólo a los pescadores sino que diera calidez, amor y dulzura, a cada una de las personas que desde los lugares más lejanos llegábamos a una isla extremadamente remota en busca de la paz y el sosiego que  no encontramos en nuestras ciudades.
 
 
Si un día me retiro que me busquen aquí, estaré respirando aire puro, actualizando mi blog tantas veces como me gustaría, leyendo, tomando cafés, escribiendo sin parar.
 
Charlaré con Eva sobre sus vivencias y por fin sabré cómo llegó al faro y porqué se quedó. Y entonces me la camelaré para que me pase la receta de su tarta de arándanos y la compartiré con todos vosotros.